Publicado en SACRATÍSIMO CORAZÓN DE JESÚS
1/8/17
9/9/16
SOBRE LA PERFECCIÓN DE LA VIDA ESPIRITUAL
Santo Tomás de Aquino
La perfección de la vida espiritual consiste esencialmente en la caridad
En primer lugar, hay que tener en cuenta que perfecto tiene múltiples acepciones. Algo puede ser perfecto en absoluto, o sólo desde algún punto de vista. Perfecto en absoluto es aquello que alcanza el fin que le corresponde según su propia naturaleza; perfecto desde algún punto de vista es lo que logra el fin correspondiente a alguna de las cosas conexas con su propia naturaleza. Así, por ejemplo, de un animal se dice que es perfecto en absoluto, cuando es conducido hasta un fin en el que no falte nada de lo perteneciente a la integridad de la vida animal: no hay carencia alguna en el número y disposición de los miembros, el cuerpo ha logrado su desarrollo y goza de las potencias capaces de realizar las operaciones propias de la vida animal. Perfecto desde algún punto de vista es el animal que alcanza la perfección de algo concomitante: por ejemplo, perfecto en blancura, en olfato, o en cosa semejante.
De acuerdo con esto, por lo que se refiere a la vida espiritual, se dice que un hombre es perfecto en absoluto, cuando en él se cumple lo que es principal en la vida espiritual. La perfección desde algún punto de vista consiste en algo que se añade a la vida espiritual.
Ahora bien, la vida espiritual consiste principalmente en la caridad; de modo que, desde el punto de vista espiritual, quien no la posee es tenido en nada. Por este motivo el Apóstol dice: Aunque tuviese el don de profecía, aunque tuviese plenitud de ciencia y conociese todos los misterios, aunque mi fe fuese capaz de trasladar montañas, si no tengo caridad,no soy nada (1 Cor 13,2). El apóstol San Juan afirma que toda la vida espiritual consiste en el amor. Dice, en efecto: Sabemos que hemos sido trasladados de la muerte a la vida en que amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte (1 Jn 3,14).
6/7/16
PARA PEDIR UNA GRACIA ESPECIAL: NOVENA A NUESTRA SEÑORA DEL CARMELO
NOVENA
A NUESTRA SEÑORA DEL CARMELO
I.-
Para todos los días de la Novena
Por la señal de la Santa Cruz,
de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios Nuestro.
En el nombre del Padre, del
Hijo y del Espíritu Santo, amén.
Acto
de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y
Redentor de nuestras almas, con grande humildad y dolor de mi corazón vengo a
vuestras plantas a pediros perdón por todos mis pecados; me pesa de haberos
ofendido, y mil veces me arrepiento, porque sois infinitamente bueno,
infinitamente amable y digno de todo mi amor; por tanto propongo firmemente,
ayudado de vuestra gracia, nunca más pecar, confesar mis culpas y satisfacer a
vuestra justicia.
Confío en vuestra divina
misericordia que me perdonaréis todos mis pecados, me ayudaréis con vuestras
gracias y me daréis después la gloria eterna. Amén.
Oración
a Nuestra Señora del Carmelo
Gloriosa siempre Virgen María,
Madre de Dios y especial Protectora de los que visten vuestro santo
Escapulario: confiado en vuestra bondad y en el amor de que tantas pruebas nos
habéis dado, os suplico con todo el afecto de mi corazón que me alcancéis de
vuestro divino Hijo Jesús el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida, la
salud eterna de mi alma, el remedio en mis necesidades, el consuelo en mis
penas, y en particular la gracia que os pido en esta novena. Recibid mis pobres
súplicas, y haced que sean para la mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Yo
acudo a Vos, que sois mi Madre y mi Señora, para que intercedáis por mí, seguro
de que vuestra súplica todo lo alcanza, mientras postrado reverente ante
vuestra presencia, os saludo con el Ángel diciéndoos: (tres Avemarías).
Lectura
del día
…………….
Salve
Dios te salve, Reina y Madre
de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A Tú clamamos
los desterrados hijos de Eva, a Tú suspiramos gimiendo y llorando en este valle
de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito
de tu vientre. ¡Oh clementísima! ¡Oh piadosa! ¡Oh dulce, siempre Virgen María!
Madre de Dios, ruega por nosotros para que seamos dignos de alcanzar las
promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Gracia
Pídase ahora con toda
confianza la gracia que se desea alcanzar por mediación de la Virgen Santísima
del Carmen.
Oración
final
Amorosa Reina del Carmelo,
confiado en la protección especial que, como Madre cariñosa, concedéis a los
que acuden a vuestras plantas vestidos de vuestro santo Escapulario, vengo a
implorar vuestro valimiento, como de quien todo lo puede, en la necesidad o
peligro que ahora experimento. Sólo pido de Vos una mirada de amor para que
comprendáis lo que sufre mi corazón y os mueva a concederme la gracia que os
pido, y yo quedaré eternamente agradecido a Vos y os serviré en la tierra con
limpieza de alma para gozar después de vuestra compañía en el Cielo. Amén.
II.-
Lectura para cada día de la Novena
Día
Primero
La Orden carmelitana, no
obstante ser tan amada y protegida de María, que la ha distinguido con los más
singulares favores, se hallaba perseguida de muchos enemigos envidiosos de sus
glorias, cuando San Simón Stok la regía como General. ¿Cómo permitió María que
su Orden predilecta sufriese tal persecución? Muchas veces permite Dios que las
almas que le son agradables, las almas buenas y santas, sufran persecución,
desprecios, contradicción y molestias, para probar su fidelidad, para que se
ejerciten en la paciencia y darles ocasión de merecer el Cielo. ¿No os ha
acaecido así a vosotros? ¿No habéis sido nunca censurados, burlados o
despreciados, acaso por vuestras obras de virtud? ¿Y cómo os portáis entonces?
Imitad a San Simón Stok, que en su aflicción acude a la Virgen, fuente de
consuelo y Madre de todas las gracias, confiando en su amorosa protección, que
nunca falta a las almas que de veras piden su ayuda. Acudid, pues, a la Virgen
del Carmen en todas vuestras necesidades de alma y cuerpo, y como pequeñuelo
que acude al amparo de su madre, cobijándose bajo su protección, estad seguro
de que no os faltará ayuda y consuelo. Pidamos, pues, las gracias que necesita
nuestro corazón, y en particular la que deseamos conseguir en esta novena,
diciéndole: Salve …
4/8/15
EL AMOR A CRISTO JESÚS, DON DE DIOS, EN SU SACRATÍSIMO CORAZÓN
"DONDE NO HAY CELO, NO HAY AMOR"
San Agustín
12/6/15
EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, HOGUERA DE AMOR EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO DEL ALTAR
EL CORAZÓN DE JESÚS
Por San Juan Eudes
CAPÍTULO IX
Con toda razón San Bernardo llama al sacramento de la Eucaristía EL AMOR DE LOS AMORES. Porque si abrimos los ojos de la fe para contempalr los efectos de la bondad inefable que nuestro Salvador tiene por nosotros en este adorable misterio descubriremos ocho llamas de amor que salen continuamente de esa admirable hoguera.
PRESIONE AQUÍ PARA LEER EL TEXTO COMPLETO
6/4/15
PASCUA: EL CORAZÓN DE LA LITURGIA
Publicado en MERCABA.ORG
El significado del tiempo pascual
Vincent Ryan
Pascua es la más antigua y la más grande de las fiestas cristianas; más importante incluso que Navidad. Su celebración en la vigilia pascual constituye el corazón del año litúrgico. Dicha celebración, precedida por los cuarenta días de cuaresma, se prolonga a lo largo de todo el período de cincuenta días que llamamos tiempo pascual. Esta es la gran época de gozo, que culmina en la fiesta de pentecostés, que completa nuestras celebraciones pascuales, lo mismo que la primera fiesta de pentecostés fue la culminación y plenitud de la obra redentora de Cristo.
El calendario romano general proporciona una clave para la comprensión de esta época en su sección sobre el tiempo pascual 1.
Los cincuenta días que van desde el domingo de resurrección hasta el domingo de pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación, como si se tratara de un solo y único día festivo; más aun, como un "gran domingo". Estos son los días en los que principalmente se canta el Aleluya (22).
Es una descripción muy significativa. Demuestra claramente que hoy la Iglesia interpreta la pascua y sus resultados exactamente en el mismo sentido que lo hacía la Iglesia de la antigüedad. En esta interpretación de la pascua, el nuevo calendario es todavía más tradicional que el anterior. Explicaremos por qué.
Antes de la reforma del calendario y del misal, el tiempo de pascua era presentado como apéndice de la pascua más que como parte intrínseca de la misma celebración pascual y su continuación durante todo el período de cuarenta días. Los domingos que seguían se llamaban domingos después de pascua, y no domingos de pascua, como se los designa actualmente. Era realmente un tiempo de carácter jubiloso y festivo; pero no se lo podría definir como una celebración ininterrumpida del día mismo de pascua.
Este período pertenece a la parte más antigua del año litúrgico, que, en su forma primitiva (siglo III), constaba simplemente del domingo, el triduo pascual y los cincuenta días que seguían al domingo de pascua, llamados entonces pentecostés o "santo pentecostés". El nombre no se refería, como ahora, a un día concreto, sino a todo el período.
24/2/15
SOBRE LA EXPIACIÓN QUE DEBEMOS AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
CARTA ENCÍCLICA
MISERENTISSIMUS REDEMPTOR
DEL SUMO PONTÍFICE
PÍO XI
SOBRE LA EXPIACIÓN QUE TODOS DEBEN
AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
INTRODUCCIÓN
Aparición de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque
1. Nuestro Misericordiosísimo Redentor, después de
conquistar la salvación del linaje humano en el madero de la Cruz y antes de su
ascensión al Padre desde este mundo, dijo a sus apóstoles y discípulos,
acongojados de su partida, para consolarles: «Mirad que yo estoy con vosotros
todos los días hasta el fin del mundo»(1). Voz dulcísima, prenda de toda
esperanza y seguridad; esta voz, venerables hermanos, viene a la memoria
fácilmente cuantas veces contemplamos desde esta elevada cumbre la universal
familia de los hombres, de tantos males y miserias trabajada, y aun la Iglesia,
de tantas impugnaciones sin tregua y de tantas asechanzas oprimida.
22/12/14
EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD EN LA LITURGIA
SERMÓN DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL SOBRE EL MISTERIO DE LA NAVIDAD
Publicado en SERMONES DE SAN BERNARDO DE CLARAVAL
Sobre el anuncio litúrgico del
nacimiento del Señor:
Jesucristo, Hijo de Dios, nace en Belén
de Judá
CAPÍTULO 1
Un grito de júbilo resuena en
nuestra tierra; un grito de alegría y de salvación en las riendas de los
pecadores. Hemos oído una palabra buena, una palabra de consuelo, una frase
rezumante de gozo, digna de todo nuestro aprecio.
Exultad, montañas; aplaudid,
árboles silvestres, delante del Señor porque llega. Oíd cielos; escucha,
tierra; enmudece y alaba, coro de las criaturas; pero más que nadie, tú,
hombre. Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá. ¿Quién tendrá
corazón tan de piedra que, al oír este grito, no se le derrita el alma? ¿Se
podría anunciar mensaje más consolador? ¿Se podría confiar noticia más
agradable? ¿Cuándo se ha oído algo semejante? ¿Cuándo ha sentido el mundo cosa
parecida? Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá. ¡Expresión
concisa sobre la Palabra condensada, pero henchida de celeste fragancia! El
afecto se fatiga intentando expandir un mayor derroche de esta meliflua
dulzura, pero no encuentra palabras. Tanta gracia destila esta expresión, que,
si se altera una simple coma, se siente de inmediato una merma de sabor.
Jesucristo, el Hijo de Dios, nace
en Belén de Judá. ¡Oh nacimiento esclarecido en santidad, glorioso para el
mundo, querido por la humanidad a causa de incomparable beneficio que le
confiere, insondable incluso para los ángeles en la profundidad de su misterio
sagrado! Y bajo cualquier aspecto, admirable por la grandeza exclusiva de su novedad;
jamás se ha visto cosa parecida, ni antes ni después. ¡Oh alumbramiento único,
sin dolor, cándido, incorruptible; que consagra el templo del seno virginal sin
profanarlo! ¡Oh nacimiento que rebasa las leyes de la naturaleza, si bien la
transforma; inimaginable en el ámbito de lo milagroso, pero subsanador por la
energía de su misterio!
Hermanos: ¿Quién podrá proclamar
esta generación? El ángel anuncia. La fuerza de Dios cubre con la sombra. Baja el
Espíritu. La Virgen cree. La Virgen concibe en la fe. La Virgen
alumbra y permanece virgen. ¿Quién no se asombrará? Nace el Hijo del Altísimo,
Dios de Dios, engendrado antes de todos los siglos. Nace la Palabra-niño. Imposible
admirarlo cual se merece.
CAPÍTULO 2
Tampoco es inútil este
nacimiento, ni queda estéril tal condescendencia de la majestad divina.
Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá. Los que yacéis en el polvo,
levantaos exultantes. Mirad al Señor de la salvación. Trae la
salvación y viene con ungüentos y con gloria. Es inconcebible un Jesús sin
salvación, como lo es un Cristo sin unción y un Hijo de Dios sin gloria. El es
la salvación; él, la unción y la gloria, como está escrito: El Hijo sensato es
la gloria del padre.
Dichosa el alma que ha gustado
del fruto de la salvación, porque le atrae y corre tras el olor de los perfumes
para contemplar su gloria, gloria del Hijo único del Padre. Reanimaos los que
os sentís desahuciados: Jesús viene a buscar lo que estaba perdido.
Reconfortaos los que os sentís enfermos : Cristo viene para sanar a los
oprimidos con el ungüento de su misericordia. Alborozaos todos los que soñáis
con altos ideales: el Hijo de Dios baja hasta vosotros para haceros partícipes
de su reino. Por eso imploro: Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame, y quedaré
a salvo; dame tu gloria, y seré glorificado. Y mi alma bendecirá al Señor, y
todo mi interior a su santo nombre, cuando perdones todas mis culpas, cures
todas mis enfermedades y sacies de bienes mis anhelos.
Estas tres cosas, queridísimos
míos, saboreo en mi alma cuando oigo la buena noticia del nacimiento de
Jesucristo, el Hijo de Dios. ¿Por qué le llamamos Jesús? Unicamente porque
salvará a su pueblo de todos sus pecados. ¿Y por qué le llamamos Cristo? Porque
hará pudrir el yugo de tu cuello con la efusión del aceite. ¿Por qué e Hijo de
Dios se hace hombre? Para que los hombres se vuelvan hijos de Dios. ¿ Quién
puede resistir a su voluntad? Si Jesús es el que perdona, ¿quién se atreverá a
condenar? Si es Cristo el que cura, ¿quién podrá herir? Si el Hijo de Dios es el
que enaltece, ¿a quién se le ocurrirá humillar?
CAPÍTULO 3
Nace Jesús. Alégrese incluso el
que siente en su conciencia de pecador el peso de una condena eterna. Porque la
misericordia de Jesús sobrepuja el número y gravedad de los delitos. Nace
Cristo. Gócense todos los que han sufrido la violencia de los vicios que
dominan al hombre, pues ante la realidad de la unción de Cristo no puede quedar
rastro alguno de enfermedad en el alma, por muy arraigada que esté. Nace el
Hijo de Dios.
Alborócense cuantos sueñan con sublimes objetivos, porque es un generoso galardonador.
Alborócense cuantos sueñan con sublimes objetivos, porque es un generoso galardonador.
Hermanos, he aquí al heredero.
Acojámosle con devoción, y recibiremos su misma herencia. Aquel que entregó a
su mismo Hijo por nosotros, ¿cómo nos negará los demás dones con el don de
Hijo? Rechacemos la desconfianza y la duda. Tenemos un firme apoyo : La Palabra se ha
hecho carne y acampó entre nosotros. El Hijo único de Dios quiso tener muchos
hermanos para ser entre todos ellos el primero. No tiene por qué dudar el
apocamiento de la debilidad humana. Fue el primero en hacerse hermano de los
hombres, hijo del hombre, hombre. Y, aunque el hombre opine que esto es
imposible, los ojos confirman la fe.
CAPÍTULO 4
Jesucristo, el Hijo de Dios, nace
en Belén de judá. Fíjate en el detalle. No nace en Jerusalén, la ciudad de los
reyes. Nace en Belén, diminuta entre las aldeas de Judá. Belén, eres
insignificante, pero el Señor te ha engrandecido. Te enalteció el que, de grande
que era, se hizo en ti pequeño. Alégrate Belén. Que en todos tus rincones
resuene hoy el cántico del "Aleluya". ¿Qué ciudad, oyéndote, no
envidiará ese preciosísimo establo y la gloria de su pesebre? Tu nombre se ha
hecho famoso en la redondez de la tierra y te llaman dichosa todas las
generaciones. Por doquier te proclaman dichosa, ciudad de Dios.
En todas partes se canta: El hombre ha nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado. En todo lugar, repito, se anuncia se proclama que Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá.
En todas partes se canta: El hombre ha nacido en ella; el Altísimo en persona la ha fundado. En todo lugar, repito, se anuncia se proclama que Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá.
Y no en vano se añade de judá,
pues la expresión nos insinúa que la promesa se hizo a nuestros padres. No se
le quitará a Judá el cetro, no dejará de salir el caudillo de entre sus muslos,
basta que llegue el que tiene que venir. El mismo será la esperanza de todas
las naciones. Es cierto que la salvación viene de los judíos, pero se extiende
hasta los confines de la
tierra. Está escrito: A ti, judá, te alabarán tus hermanos;
pondrás tus manos sobre las nucas de tus enemigos; y otras cosas que leemos,
pero que nunca se cumplieron en la persona de Judá, sino únicamente en Cristo:
él es el león de la tribu de Judá. Sobre esto mismo está también escrito: Judá
es un cachorrillo de león; te has abalanzado hacia la presa, hijo mío. Cristo
es el hábil cazador que, antes de saber decir mamá o papá, se llevó el botín de
Samaria. Diestro conquistador que, subiendo a lo alto, llevó cautiva a la misma
cautividad. Y, sin robar nada, distribuyó dones a los hombres.
La expresión Belén de
Judá nos recuerda estas profecías y otras parecidas que se cumplieron en
Cristo, porque se referían a su persona. Ya no nos interesa saber si de Belén
puede salir algo bueno.
CAPÍTULO 5
Lo que sí nos interesa saber es
la manera como quiere ser acogido el que quiso nacer en Belén. Quizá alguno
hubiera pensado prepararle fastuosos palacios, para acoger con realce al rey de
la gloria. No
es ése el motivo de su venida desde el trono real. En la izquierda trae honor y
riquezas, y en la derecha largos años. En el cielo había abundancia eterna de
todas estas cosas, pero no pobreza.
Precisamente abundaba y sobreabundaba esto
en la tierra, y el hombre ignoraba su valor. El Hijo de Dios se prendó de ella,
bajó, se la escogió, y revalorizó su encanto para nosotros. Engalana tu lecho,
Sión; pero con humildad y con pobreza. i.e agradan estos pañales. María nos
asegura que le gusta envolverse con estas telas. Sacrifica a tu Dios las
abominaciones de los egipcios.
CAPÍTULO 6
Por último, fíjate que nace en
Belén de Judá. Procura tú mismo llegar a ser Belén de Judá. Entonces no
desdeñará tu acogida. Belén es la "casa del pan". Judá significa
confesión. Tú sacia tu alma con el alimento de la palabra divina. Y aunque
indigno, recibe con fidelidad y con la mayor devoción posible ese pan que baja
del cielo y que da la vida al mundo: el cuerpo del Señor Jesús. De este modo,
la carne de la resurrección renovará y confortará al viejo odre de tu cuerpo.
Así, mejorado por este sedimento, podrá contener el vino nuevo que está en el
interior. Y si, en fin, vives de la fe, nunca te lamentarás de haber olvidado
de comer tu pan. Te has convertido en Belén, y digno, por tanto, de acoger al
Señor; contando siempre con tu confesión. Sea, pues, Judá tu misma
santificación. Revístete de confesión y de gala; condición indispensable que
Cristo exige a sus ministros.
Para concluir, el Apóstol te pide
estas dos cosas en breves palabras: gue la fe interior alcance la justicia y
que la confesión pública logre la salvación. La justicia en el corazón, y el pan en
la casa. Ese
es el pan que santifica. Dichosos los que tienen hambre de justicia, porque
quedarán saciados. Haya justicia en el corazón, pero que sea la justicia que
brota de la fe. Únicamente ésta merece gloria ante Dios. Afore también la
confesión en los labios para la
salvación. Y ya, con toda confianza, recibe a aquel que nace
en Belén de Judá, Jesucristo, el Hijo de Dios.
5/12/14
EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y LA SANTA MISA
Visto en JOVEN CRISTIANO
LA SANTA MISA UNA OFRENDA DE AMOR(Devocionario Católico)
LA SANTA MISA UNA OFRENDA DE AMOR
Es el acto más grande, más sublime y más santo, que se celebra todos los días en la tierra. Nada hay más sublime en el mundo que Jesucristo, y nada más sublime en Jesucristo que su Santo Sacrificio en la Cruz, actualizado en cada Misa, puesto que la Santa Misa es la renovación del Sacrificio de la Cruz.
"Todas las buenas obras del mundo reunidas, no equivalen al Santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la Misa es obra de Dios. En la Misa, es el mismo Jesucristo Dios y Hombre Verdadero el que se ofrece al Padre para remisión de los pecados de todos los hombres y al mismo tiempo le rinde un Honor Infinito". (El Santo Cura de Ars)
La santa Misa alegra toda la corte celestial, alivia a las pobres ánimas del purgatorio, atrae sobre la tierra toda suerte de bendiciones, y da más gloria a Dios que todos los sufrimientos de los mártires juntos, que las penitencias de todos los solitarios, que todas las lágrimas por ellos derramadas desde el principio del mundo y que todo lo que hagan hasta el fin de los siglos. (Cura de Ars)
Misa, Cena y Cruz son un mismo sacrificio. Con razón decía San Bernardo: "Más merece el que devotamente oye una Misa en gracia de Dios, que si diera todos sus bienes para sustento de los pobres".
"Oir una Misa en vida o dar una limosna para que se celebre, aprovecha más que dejarla para después de la muerte." (San Anselmo)
"Más aprovecha para la remisión de la culpa y de la pena, es decir, para la remisión de los pecados, oir una Misa que todas las oraciones del mundo" (Eugenio III Papa)
Con la Misa se tributa a Dios más honor, que el que pueden tributarle todos los Ángeles y Santos del cielo. Puesto que el de éstos, es un honor de criaturas, mas en la Misa se le ofrece su mismo Hijo Jesucristo, que le tributa un Honor Infinito. (San Alfonso Mª Ligorio).
Con la asistencia a la Misa, rindes el mayor homenaje a la Humanidad Santísima de Nuestro Señor Jesucristo. Durante la Misa te arrodillas en medio de una multitud de Ángeles que asisten invisiblemente al Santo Sacrificio con suma reverencia.
A la hora de tu muerte, tu mayor consolación serán las Misas que hayas oído durante tu vida. Cada Misa que oíste, te acompañará al Tribunal Divino, y abogará para que alcances el Perdón.
Con cada Misa, puedes disminuir el castigo temporal que debes por tus pecados, en proporción con el Fervor con que la oigas.
Con cada Misa aumentas tus grados de gloria en el Cielo. En ella recibes la bendición del Sacerdote, que Dios ratifica en el Cielo.
Santa Teresa suplicaba un día al Señor, le indicara cómo podría pagarle todas las mercedes que le había dispensado y le contestó "oyendo una Misa".
"Todas las buenas obras del mundo reunidas, no equivalen al Santo Sacrificio de la Misa, porque son obras de los hombres, mientras que la Misa es obra de Dios. En la Misa, es el mismo Jesucristo Dios y Hombre Verdadero el que se ofrece al Padre para remisión de los pecados de todos los hombres y al mismo tiempo le rinde un Honor Infinito". (El Santo Cura de Ars)
El calvario fue el primer Altar, el Altar verdadero, después todo el Altar se convierte en Calvario.
No hay en el mundo lengua con que poder expresar la grandeza y el valor de la Santa Misa. Si la verdad es que Cristo se ofrece al Padre Eterno todos los días en la Santa Misa por la salvación de los hombres, por la salvación de todo el mundo ¿vamos a dejarlo sólo?.
Busquemos la media hora diaria para unirnos a Jesús en la Santa Misa, para adorar al Padre y darle el honor que se merece, para darle gracias por tantos favores recibidos, para aplacar su ira irritada por tantos pecados y darle plena satisfacción por ellos e implorar gracia y misericordia para todos los hombres del mundo, en fin, para agrandar el Cielo y hacer más Gloriosa la Pasión de Cristo.
A tí, que tanto te gusta hacer el bien, ¿ vas a dejar pasar diariamente la ocasión de unirte a la obra más grande que se realiza en la Tierra por el mismo Cristo?
Lee, piensa y medita muchas veces esta INVITACIÓN del Señor; y ten presente, siempre que..."AMOR CON AMOR SE PAGA".
12 MOTIVOS DE OIR DEVOTAMENTE LA SANTA MISA.
1) En la hora le tu muerte, las misas oídas serán tu mayor consuelo.
2) Cada misa oída con devoción será una prenda segura de perdón en la hora del juicio.
3) Por cada misa oída puedes disminuir el castigo temporal merecido por tus pecados.
4) Al asistir devotamente la santa Misa rindes al Sagrado Corazón de Jesús, el más grande homenaje posible.
5) Por la santa Misa, nuestro Señor Jesucristo satisface por tus muchas negligencias y omisiones.
6) Te perdona todos los pecados veniales que buscas de evitar. Se disminuye el poder del demonio sobre ti.
7) Por medio de la santa misa puedes ayudar y salvar muchas almas del purgatorio.
8) Una sola misa que oyes con devoción durante toda tu vida mortal será de mayor provecho que muchas otras ofrecidas después de fu muerte.
9) De muchos peligros y desgracias te preserva Dios a causa de la santa Misa que oyes con devoción. Además se acortan los días del purgatorio.
10) Durante la santa Misa, el altar está rodeado de multitud de ángeles que asisten con suma atención al Santo Sacrificio.
11) Dios te bendice en tus empresas temporales.
12) Si, al oír la santa Misa con devoción, ofreciéndola a Dios Omnipotente en honor de algún Santo o Angel, agradeciendo al Señor por los favores concedidos a él, honras al Angel o Santo, y de este modo te haces acreedor a la especial protección de aquel Angel o Santo.
Tomado del Excelente sitio Devocionario Católico
13/8/14
NOVENA PARA HONRAR AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
PARA PREPARAR SU FIESTA PRÓXIMA.
(13 al 21 de agosto).
Publicado en MARÍA MEDIADORA
SEGÚN LAS REVELACIONES DE FÁTIMA(Puede rezarse esta novena en cualquier época del año)El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También María dio a luz a Aquel que es nuestra reconciliación; Ella estaba al pie de la Cruz cuando, en la Sangre del Hijo, Dios reconcilió "con El todas las cosas" (Col 1,20); ahora, glorificada en el Cielo, tiene -como recuerda una plegaria litúrgica- "un corazón lleno de misericordia hacia los pecadores, que, volviendo la mirada a su caridad materna, en Ella se refugian e imploran el perdón de Dios..." María, Madre Virgen, que conoces mejor que nosotros el Corazón Divino de tu Hijo, únete a nosotros hoy en esta adoración a
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh María, digna Madre de Dios y
tierna Madre nuestra, que apareciendo en Fátima, nos habéis mostrado
nuevamente en vuestro Corazón un asilo y refugio segurísimo, y en vuestro
Rosario un arma victoriosa contra el enemigo de nuestras almas, dándonos
también rica promesa de paz y vida eterna!
Con el corazón contrito y
humillado por mis culpas, pero lleno de confianza en vuestras bondades, vengo
a ofreceros esta Nvena de alabanzas y peticiones.
Recordando, Señora benignísima,
las palabras de Jesús en la Cruz, "Ahí
tienes a tu Madre", os digo con todo afecto: ¡Madre, aquí tenéis
a vuestro hijo!
Recibid mi corazón, y ya que es
palabra vuestra "Quien
me hallare, hallará la vida", dadme que amándoos con amor filial,
halle y goce aquí la vida de la gracia y después la vida de
Después de la meditación propia
del día pídanse las gracias.
Para alcanzarlas, rezar cinco Avemarías al Inmaculado Corazón de María.
ORACIÓN
FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Corazón de María, el más
amable y compasivo de los corazones después del de Jesús, Trono de las
misericordias divinas en favor de los miserables pecadores! Yo,
reconociéndome sumamente necesitado, acudo a Vos en quien el Señor ha puesto
el tesoro de sus bondades con plenísima seguridad de ser por Vos socorrido.
Vos sois mi refugio, mi amparo, mi esperanza; por esto os digo y os diré en
todos mis apuros y peligros:
¡Oh dulce Corazón de María, sed la
salvación mía!
Cuando la enfermedad me aflija, o
me oprima la tristeza, o la espina de la tribulación llague mi alma,
¡Oh dulce Corazón de María, sed la
salvación mía!
Cuando el mundo, el demonio y mis
propias pasiones, coaligados para mi eterna perdición, me persigan con sus
tentaciones y quieran hacerme perder el tesoro de la divina gracia,
¡Oh dulce Corazón de María, sed la
salvación mía!
En la hora de mi muerte, en aquel
momento espantoso del que depende mi eternidad, cuando se aumenten las
angustias de mi alma y los ataques de mis enemigos,
¡Oh dulce Corazón de María, sed la
salvación mía!
Y cuando mi alma pecadora se
presente ante el tribunal de Jesucristo para rendirle cuenta de toda su vida,
venid Vos a defenderla y ampararla, y entonces, ahora y siempre,
¡Oh dulce Corazón de María, sed la
salvación mía!
Estas gracias espero alcanzar de
Vos, ¡oh Corazón amantísimo de mi Madre!, a fin de que pueda veros y gozar de
Dios en vuestra compañía por toda la eternidad en el cielo. Amén.
MEDITACIÓN DEL DÍA
Día 1º
Reinado del
Inmaculado Corazón de María
Dijo la Virgen a los
pastorcitos de Fátima: "Jesús
quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón".
En
verdad, ¿puede haber cosa más justa y digna? Oigamos al P. Claret:
"¿Habrá quien pregunte por qué veneramos al Corazón de María? ¿Se han
meditado bien la excelencia de este Corazón y las perfecciones sobrehumanas y
más que angélicas que lo adornan? ¡Oh, con qué alegría contempla el Señor al
Corazón de María, al que ninguna mancha desfigura ni afea germen alguno de
pasión mala, en el que no existe sobra de defecto que pueda hacerle indigno y
cuyas afecciones son todas celestes! O por hablar con más propiedad, ¡con qué
satisfacción no se contempla a Sí mismo en aquel espejo fiel en donde se
hallan retratados todos los rasgos de su semejanza, borrados en el resto de
los hombres!". Y afirma San Bernardino de Siena que "para ensalzar
los sentimientos del Corazón Virginal de María no bastan las lenguas de todos
los hombres, ni aún las de los ángeles". ¡Tan digno y santo es!
¡Oh alma devota! Dios lo quiere: Dios ha honrado sobremanera
al Corazón de María: honra tú también, ama y obsequia cuanto puedas al
Corazón amantísimo de tu dulce Madre.
Día 2º
Desagravio
al Inmaculado Corazón de María
La Virgen pidió en Fátima a los tres niños ofrecieran
sacrificios en reparación de las ofensas que se infieren a su Inmaculado
Corazón. Pidió en particular la comunión reparadora de los primeros sábados.
Lo que sostiene a este mundo pecador es el espíritu de
reparación, que llega a su valor más alto en la misa, donde Jesús encabeza
las reparaciones y desagravios de la Iglesia toda a su Eterno Padre.
Se ofende a Dios, y se ofende mucho también a su amadísima
Madre, cuyo Corazón gime atravesado con la simbólica espada. "Ese vaso
de santidad -exclama San Buenaventura- ¿cómo se ha trocado en mar de
penalidades?"
¡Penitencia! nos dice María en Fátima como en Lourdes. Sí:
Fátima es un pregón de penitencia para esta época en que se niega la gravedad
del pecado, se glorifica el sensualismo y se concretan las aspiraciones a
gozar de esta vida.
No volver a pecar: esto es lo primero en el verdadero
penitente. Y luego, mortificarse y sufrir algo por Dios. Oigamos, pues, el
clamor de María: ofrezcamos oraciones, buenas obras y sacrificios en
desagravio a su afligido Corazón.
Día 3º
El
Inmaculado Corazón de María, iris de paz
El mundo desconoce a Dios; es un impío; y está escrito:
"No hay paz para los impíos". Habrá en él mucha inteligencia, mucho
brazo, mucha máquina; pero falta corazón. Y por eso falta amor, concordia,
paz.
En Fátima aparece y brilla como nunca un Corazón, un
Corazón de Madre, capaz de unir los corazones todos y llevarlos a Dios.
"En ese Corazón -dice Ricardo de San Lorenzo- la
justicia y la paz se besaron", porque como explica San Bernardo,
"maría recibió del mismo Corazón del Eterno Padre en su propio Corazón,
al Verbo", que es nuestra paz y reconciliación.
¿Acaso no es oficio propio de la madre aplacar al Padre
con los hijos y pacificar a éstos entre sí? Sala de esos armisticios es el
corazón de toda madre. El de María es arca noética de donde sale siempre la
paloma mensajera de paz, cuyos ramitos de olivo caen y germinan en las
tierras ensangrentadas por el odio.
"Abre, pues, oh María -le suplica San Bernardo- la
puerta del Corazón a los llorosos hijos de Adán". Ante ese "áureo
altar de paz" vengan todos a depositar su ofrenda, reconciliados ya con
sus hermanos. Roguemos a la Reina de la paz la dé a los pueblos y familias;
pero más, mucho más a los pecadores que están alejados de Dios y tiranizados
por el demonio.
Día 4º
El
Inmaculado Corazón de María y los pecadores
No una, sino varias veces exhortó la Virgen a los niños de
Fátima a orar y sufrir por la conversión de los pecadores, y pidió
expresamente el culto a su Corazón como medio de conversiones.
Dicen muchos: "Pequé, y ¿qué de malo me ha
sucedido?". No hablarían así, a poca fe y reflexión que tuvieran. Verían
que el pecado mortal mata al alma, roba la paz y todos los méritos, enemista
con Dios y esclaviza bajo el poder de satanás. El que muere en pecado mortal
se condena para siempre. ¡Qué espantosa desgracia!
Una avemaría diaria rezan los archicofrades del Corazón de
María por los pecadores. Y María les inspira arrepentimiento, confesión,
enmienda, y así les torna la vida, antes insoportable, dulce y feliz.
"¡Cuánto no debemos al tesoro de consuelos que encierra el Corazón
Inmaculado de María!" exclamaba el P. Faber, convertido por ese Corazón
de Madre.
"¡Oh María! -le decía San Alfonso María de Ligorio-
si vuestro Corazón llega a tener compasión de mí, no podrá dejar de
protegerme".
El Papa en nombre de toda la humanidad pecadora, ora de
este modo: "Estamos seguros de obtener misericordia y de recibir
gracias, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente
por la inmensa bondad de vuestro materno Corazón".
Acude tú también a este Trono de misericordia; y pídele la
conversión de los pecadores empedernidos.
Día 5º
Esta promesa será sin duda lo que más perpetúe el nombre
de Fátima a través de los siglos y traiga más frutos de salvación.
"Prometo -dijo la Virgen- asistir en la hora de muerte con las gracias
necesarias para la salvación a los que en cinco primeros sábados de mes
seguidos comulguen y recen el rosario meditado".
Ante este alarde de misericordia del Corazón de María, el
mundo se ha conmovido. El mismo soberano Pontífice pone al principio de la
misa del Corazón de María aquella invitación: "Vayamos con confianza a
ese Trono de gracia". Y cada uno de los fieles ganoso de asegurar lo que
más importa, el porvenir eterno, tiene cuenta con sus cinco primeros sábados,
evita el interrumpirlos, se alegra de coronarlos y se complace en repetirlos.
Es interesante el dato evangélico: Jesús otorgaba sus
favores y prodigios preferentemente en sábado. E interrogaba a sus
detractores: ¿Es lícito curar en sábado? Su Madre divina parece responder:
los sábados son los días de mi predilección a favor de mis devotos en la
tierra y en el purgatorio.
¡Oh alma! reza el rosario y comulga en dichos días, con
gratitud, con fervor, en espíritu de reparación, y no lo dudes: albergada en
ese Corazón, que es, según San Buenaventura, "deliciosísimo paraíso de
Dios", pasarás al paraíso eterno.
Día 6º
El
Inmaculado Corazón de María y el Santo Rosario
Como en Lourdes, María pide en Fátima el rezo del rosario,
y pide lo recemos diariamente, por la paz y por los pecadores, es decir:
"por la paz de las armas y por la paz de las almas", según frase
del Papa.
¿Necesitaremos más invitaciones para darnos a esta
dulcísima y salvadora devoción? Dulcísima, pues como dice San Anselmo de
Luca, "debería rebosar célica dulzura nuestra boca al saludar a tan
benigna Señora y bendecir el fruto de su vientre, Jesús". Salvadora,
pues dice Montfort: "No sé el cómo ni el porqué, pero es una verdad, que
para conocer si una persona es de Dios, basta examinar si gusta de rezar el
Avemaría y el Rosario".
Dijo la Virgen al P. Claret: "Quiero que seas el
Domingo de Guzmán de estos tiempos". Y él propagó el Rosario con celo
indecible, transformando los hogares.
Al B. P. Hoyos le declaró
"¡Reina del Santísimo Rosario!": así empieza el
Papa la Consagración al Corazón de María, para indicarnos su aprecio al
rosario. Alma fiel: el Rosario sea para ti un tesoro: rézalo en familia o en
particular todos los días de tu vida.
Día 7º
El Inmaculado Corazón de María y la meditación
La Virgen de Fátima prometió el Cielo a los que en 5
primeros sábados comulguen y recen el Rosario meditando sus misterios.
En la historia del cristianismo, que cuenta 20 siglos, es
la primera vez que la Virgen invita al mundo a la práctica de la meditación u
oración mental. Sabe muy bien que la irreflexión es la característica de
nuestra época, llena de desolación, porque no hay quien medite de corazón.
¿Y quién podrá invitarnos mejor a la meditación que María,
que en su Corazón -testigo el Evangelio- guardaba, meditaba y analizaba todas
las palabras y acciones de Jesús niño, de Jesús adolescente, de Jesús hombre,
y así se santificaba de día en día?
Para Ella sí que las palabras de Jesús eran palabras de
vida eterna; y pues el hombre vive de toda palabra que procede de la boca de
Dios, de ellas se alimentaba la Virgen como de una verdadera Eucaristía.
Si San Juan Eudes llama al Corazón de María "Libro de
la Vida", es porque en las páginas delicadas de su Corazón la Virgen
imprimía y releía todo lo que decía y hacía Jesús durante aquellos 30 años,
para ser después el archivo divino de la Iglesia naciente.
"Ea, pues, -dice San Juan Crisóstomo- lo que María
meditaba en su Corazón, meditémoslo en el nuestro". En los misterios del
rosario está la vida de Jesús y de María: quien los medite bien, no pecará
jamás.
Día 8º
El
Inmaculado Corazón de María y el Papa
En sus apariciones de Fátima la Virgen menciona varias
veces con amor al Santo Padre y pide se ore mucho por él.
El Papa es, entre todos los mortales, el primer hijo del
Corazón de María, por ser el "Jesús visible", o como decía Santa
Catalina de Siena, "el dulce Cristo en la tierra".
El Papa es nuestro Padre. ¡Oh si le tuviéramos aquel amor
filial que le profesaba San Juan Bosco, quien por ser fiel a su consigna
"con el Papa hasta la muerte", tanto sufrió de los enemigos de la
Iglesia, y el P. Claret, que en pleno Concilio Vaticano manifestó que ansiaba
derramar toda su sangre en defensa de la infalibilidad pontificia!
Es nuestro Padre amantísimo: hemos de profesarle amor,
respeto y obediencia; no consentir jamás se le ataque y persiga; rogar para
que el Corazón de María lo ilumine y guarde de todo peligro, lo haga feliz en
la tierra y lo corone de gloria en el cielo.
Día 9º
Acto
de Consagración al Inmaculado Corazón
de María
(Acto
de Consagración al Inmaculado Corazón de María compuesto y leído por el Papa
Juan Pablo II . Solemnidad de la Anunciación de 1984)
"Bajo
tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios".
Pronunciando las
palabras de esta antífona, con la que la Iglesia de Cristo ora desde hace
siglos, nos encontramos hoy ante Ti, Madre, en el año jubilar de
Nos encontramos unidos
con todos los Pastores de la Iglesia, con un particular vínculo,
constituyendo un cuerpo y un colegio, así como por Voluntad de Cristo los Apóstoles constituían un cuerpo y un colegio
con Pedro.
En el vínculo de tal
unidad pronunciamos las palabras del presente Acto, en el que deseamos
incluir, una vez más, las esperanzas y las angustias de la Iglesia por el
mundo contemporáneo.
La Iglesia, recordando aquellas palabras del Señor : "Id ... y enseñad a todas
las naciones... He aquí que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin
del mundo" (Mt
28,19-20), ha reavivado, en el Concilio Vaticano II, la conciencia de su misión en este mundo.
Y por eso, oh Madre de los hombres y de los
pueblos, Tú que conoces
todos sus sufrimientos y sus esperanzas, Tú que sientes maternalmente todas
las luchas entre el Bien y el mal, entre
"¡No
desprecies nuestras súplicas, que estamos en la prueba!".
He aquí,
encontrándonos ante Ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado,
deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que por amor
nuestro, tu Hijo ha hecho de Sí mismo al Padre : "Por ellos - ha dicho Él - me consagro a Mí mismo, para
que también ellos sean consagrados en la Verdad" (Jn, 17,19). Queremos unirnos a Nuestro Redentor en esta
consagración por el mundo y por los hombres, la cual en su Divino Corazón,
tiene la fuerza de obtener el perdón y de procurar la reparación.
La fuerza de esta
consagración dura para
todos los tiempos y abraza a todos los hombres, los pueblos y las naciones, y
supera todo mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de provocar en el
corazón del hombre y en su historia y que, de hecho, ha provocado en nuestros
tiempos.
Oh ¡Cuán profundamente
sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo: para
nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo!
¡Seas bendita, sobre toda criatura Tú, Sierva del Señor, que del modo más
pleno obedeciste a la divina llamada!.
¡Seas saludada Tú que estás enteramente unida a
¡Madre de la Iglesia! ¡Ilumina al Pueblo de Dios por el camino de la fe, de la
esperanza y de la caridad!
Ilumina especialmente
aquellos pueblos de los que Tú misma esperas nuestra consagración y nuestra
entrega. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo toda la
familia humana del mundo contemporáneo.
Confiando a Ti, oh Madre, el mundo, todos los hombres y todos los
pueblos, Te confiamos, también la misma consagración del mundo, poniéndola en Tu Corazón Materno.
¡Oh Corazón
Inmaculado! ¡Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se
arraiga en el corazón de los hombres de hoy y que en sus efectos
inconmensurables ya grava sobre la vida presente y parece cerrar los caminos
hacia el futuro!.
Del hambre y de la
guerra ¡líbranos!.
De la guerra nuclear,
de una autodestrucción incalculable, de toda guerra, ¡líbranos!
De los pecados contra
la vida del hombre desde sus albores, ¡líbranos!.
Del odio y del
envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios ¡líbranos!.
De toda clase de
injusticias en la vida social, nacional e internacional ¡líbranos!.
De la facilidad de despreciar a los mandamientos de Dios, ¡líbranos!.
De la tentativa de
ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, ¡líbranos!
De la pérdida de la
conciencia del Bien y del mal, ¡líbranos!.
De los pecados contra
el Espíritu Santo, ¡líbranos! ¡líbranos!.
¡Acoge, oh Madre de
Cristo, este grito cargado
con los sufrimientos de
todos los hombres! ¡Cargado
con el grito de sociedades
enteras!.
Ayúdanos con el poder
del Espíritu Santo a vencer todo pecado: el pecado del hombre y el pecado del
mundo, el pecado en todas sus manifestaciones.
¡Que se revele, aún
por esta vez, en la historia del mundo el infinito poder salvífico de la
Redención: poder del Amor
Misericordioso! ¡Que Él
detenga el mal! ¡Transforme las conciencias! ¡Que en Tu Corazón Inmaculado se
manifieste a todos la luz de
la Esperanza! Amén.
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